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Fue mamá con un útero trasplantado de una mujer fallecida

05 Diciembre 2018

La revista científica "The Lancet" informó que hace un año nació en Brasil el primer bebé del mundo concebido por una mujer estéril, gracias a un útero trasplantado de una donante fallecida.

El éxito logrado mediante esta nueva técnica, llevada a cabo en el Hospital de Clínicas, dependiente de la Universidad de San Pablo, supone también el primer trasplante uterino en América Latina y podría aumentar la disponibilidad de donantes y las posibilidades de las mujeres de quedar embarazadas, consignó un cable de la agencia EFE.

El primer parto que se produjo a partir de trasplante uterino de un donante vivo tuvo lugar en Suecia en 2013 y también se publicó en The Lancet.

Los médicos brasileños explicaron que trataron a una mujer con el llamado Síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKHS, según las siglas en inglés), una rara malformación congénita del útero.

La bebé nació por cesárea a 36 semanas de gestación, el 15 de diciembre de 2017.

Actualmente, la donación de útero solo se puede llevar a cabo a partir de familiares, de modo que las opciones se reducen ya que existen pocos donantes vivos.

La madre de la pequeña, que tiene 32 años, nació sin matriz y recibió el útero de una mujer de unos 40 años que había sido madre tres veces y que murió a causa de un derrame cerebral.

Hasta ahora, "el único embarazo después de un trasplante de útero retirado post mortem fue en 2011 en Turquía" y resultó en un aborto espontáneo, según Srdjan Saso, del departamento obstétrico del Imperial College de Londres. "La cantidad de personas dispuestas y comprometidas a donar órganos luego de su muerte es mucho mayor que la de los donantes vivos, lo que ofrece una población potencial de donantes mucho más amplia", dijo Ejzenberg en un comunicado sobre los resultados. Y dos meses después, con la transferencia del embrión, el embarazo se inició. Fue prematura, pesaba 2,550 kilos, pero estaba en perfecto estado de salud. Tras su nacimiento, los médicos extirparon a la paciente el útero que habían trasplantado para que dejase de ingerir la medicación inmunosupresora. El niño y la madre dejaron el hospital al cabo de tres días.

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